Tras los festejos de Halloween, llega una jornada cuyo objetivo es recordar a los santos que no fueron canonizados por la Iglesia católica. 

El Día de Todos los Santos se celebra cada 1 de noviembre. La celebración tiene su origen en la Iglesia católica, pero los festejos varían según las creencias y costumbres de cada región.

Los católicos romanos y otros cristianos honran a todos los santos de la Iglesia que no tienen un feriado propio. El Día de Todos los Santos reconoce a aquellos que llegaron al cielo, pero su santidad es conocida sólo por Dios.

En tanto, en la Iglesia Ortodoxa del Este, el Día de Todos los Santos se celebra el primer domingo después de Pentecostés.

Día de Todos los Santos: historia y origen

Este día se celebraba originalmente el 13 de mayo, cuando el papa Bonifacio IV inició formalmente lo que más tarde se conocería como el Día de Todos los Santos en 609, cuando dedicó el Panteón de Roma como iglesia en honor a la Virgen María y a todos los mártires.

La fecha fue restablecida al 1 de noviembre en el año 835 por el papa Gregorio IV, luego de que Gregorio III consagrará una Basílica en la capilla de San Pedro en el Vaticano en honor a Todos los Santos.

El Día de Todos los Santos refleja la esperanza cristiana en la vida eterna y la creencia de que, a través de la intercesión de los santos y la gracia divina, todos los creyentes pueden aspirar a la santidad y la salvación.

Día de los Fieles difuntos

El Día de Todos los Santos no debe confundirse esta fecha con el Día de los Fieles difuntos, que se celebra el 2 de noviembre con el fin de honrar y recordar a los familiares y seres queridos fallecidos.

Durante esta jornada, los fieles suelen asistir a misas especiales, rezar por sus seres queridos fallecidos y visitar los cementerios para honrar y recordar a los difuntos.

En algunos países se realizan festejos especiales, con bailes y comidas típicas alrededor de las tumbas.